
Una visita a la ‘ciudad de los canales’. Fuente: Archivo propio
Esta historia se remonta al siglo XI. Junto al Mar Adriático se levanta una maravilla del mundo arquitectónico: Venecia. El núcleo de la ciudad presenta un ejemplo de armonía y esplendor arquitectónico, en la parte más baja de Venecia sobre el nivel del mar se sitúa su única plaza: ‘La Piazza San Marco’. Fue Napoleón Bonaparte, el que tras invadirla en 1797, la apodaría como “El salón más bello de Europa”.
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Eran las ocho. Llegábamos tarde. ¡Date prisa, lo vamos a perder!, exclamó Javier. Alberto, Javier y yo acabábamos de salir de la habitación del hotel donde pasamos la noche. Habíamos quedado exactamente a las ocho en punto en la recepción. Un autobús salía hacia el puerto, ya que allí tendríamos que coger un Vaporetto en dirección a Venecia. Gracias a que estaba estudiando la asignatura ‘Historia del Arte’, conocía las principales obras de la ‘ciudad de los canales’ y también algunas de sus características, por lo que la visita me inspiraba grandes esperanzas de aumentar mis conocimientos.
Allí, desembarcamos en un muelle situado a la izquierda del puerto. Nada más bajar, nos dirigimos hacia la salida, atravesando una vía totalmente recta en la que distinguimos edificios decorados con tonos marrones y blancos que presentaban algunos desperfectos. Al llegar al final del camino encontramos lo que esperábamos. La Plaza de San Marcos. Se trataba de un bellísimo lugar que destacaba especialmente por el tamaño de sus edificios. El Campanario de San Marcos se encontraba frente a nosotros. La torre mide 98,6 metros, por lo que estábamos ante la construcción de mayor altura de la plaza. El modelo actual se basa en una reconstrucción a imagen y semejanza de la torre original, ya que en 1902 la estructura se colapsó debido a una hendidura en la pared norte. Esta reconstrucción se finalizó en 1912 y gracias a ello, hoy podemos seguir disfrutando de uno de los símbolos de la ciudad de Venecia. El Campanario de San Marcos se eleva sobre una columna de ladrillos, de 12 metros de lado y 50 metros de alto. En el nivel superior se asienta el campanario, presidido por unos arcos blancos. La torre está coronada por una aguja piramidal en cuyo vértice se encuentra la veleta del Arcángel Gabriel, una estatua de 3 metros de altura.
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Era invierno y, como es lógico, hacía frío. Decidimos, entonces, entrar a un bar cercano al Palacio Ducal. La cafetería era de madera. En su interior había unas escaleras que conducían al restaurante del piso superior. Todo estaba en su sitio. Nos acomodamos en la barra y pedimos nuestro desayuno. Al terminar, nos despedimos amablemente del camarero y nos dirigimos hacia la salida. Todavía teníamos tiempo antes de la visita a la Basílica de San Marcos, de modo que nos dirigimos a inspeccionar los alrededores de la plaza. Lo más característico de Venecia, los canales, estaban conectados mediante puentes. El agua estaba sucia. Algunas góndolas estaban amarradas esperando la llegada de turistas. Un elemento que nos sorprendió fue la colocación de señales y espejos en los canales venecianos como si se tratara de las calles de nuestra ciudad. Efectivamente cumplen el mismo efecto.
Continuamos nuestro camino cuando de pronto Javier se paró. Se encontraba delante de un escaparate. Decidido, entró a la tienda y nosotros le seguimos. La tienda estaba limpia, y todos los artículos de exposición colocados correctamente en su lugar. Los elementos que más destacaban eran las máscaras utilizadas en los conocidos festivales de Venecia. Las famosas caretas lucían en diversos artículos, tales como pendientes, colgantes, anillos, mecheros. La idea era potenciar la compra de artículos por parte de los turistas y Javier había decidido que no podía irse de Venecia sin comprarse una máscara. También visitamos una tienda en la que se dedicaban a la fabricación de objetos mediante el cristal de Murano. Cristal que procede de una pequeña isla de Venecia y que se basa en el arte de soplar el vidrio. Se trata de un trabajo artesanal que se realiza en Italia desde el siglo XV. Vislumbramos todo tipo de artículos tales como lámparas, joyas, figuras, todas ellas realizadas con cristal de Murano; sin embargo, lo que más nos llamó la atención fueron unas flores colocadas en el mostrador. En ese momento nos acordamos de nuestras maravillosas madres. Así, no abandonaríamos el lugar sin comparar una cada uno.
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Era la hora de la visita. Todos los compañeros estábamos allí, pero no éramos los únicos. La plaza de San Marcos estaba abarrotada de grupos de turistas. Del mismo modo que nosotros, habían llegado para visitar Venecia. Nos agrupamos frente a la Basílica de San Pedro. El templo es uno de los máximos exponentes del estilo arquitectónico bizantino. Su historia comienza alrededor del año 828, cuando dos mercaderes venecianos robaron el cuerpo de San Marcos de la ‘Tumba de Alejandría’ donde se hallaba, con el objetivo de regresar a Venecia para donárselo al Dux. Así, San Marcos se convertiría en el patrón de la ciudad. La actual basílica es una reconstrucción respetando el modelo de basílicas de la antigua ciudad imperial de Bizancio, que forma parte de la actual ciudad de Estambul. La reconstrucción del templo se debe a la sustitución de la basílica anterior que data del año 1063. De este modo, esta reconstrucción es la tercera en su historia, ya que en el año 976 la primera fue destruida por un incendio. La fachada era magnífica. El contraste de luz, formas y color nos impresionó. El portón central incluía bajorrelieves que representan a los signos del zodiaco, esculturas realizadas en mármol. Las figuras de los ‘cuatro caballos de San Marcos’, realizadas en bronce, vigilaban la entrada principal de la Basílica. Las cinco cúpulas bizantinas del siglo XII están rematadas por una linterna y una cruz que llamaron nuestra atención.
Aquel ejemplo de monumentalidad, no sería nuestra única sorpresa. En su interior, la planta en forma de cruz griega todavía poseía agua debido a las inundaciones. Lo que los venecianos conocen como el fenómeno de ‘aqua alta’. Nos preguntamos cuál era la diferencia entre esta maravillosa obra de arte y cualquier otra, pues bien, únicamente es el orden entendido como “La disposición y proporción de los cuerpos principales que componen un edificio”, según la Real Academia de la Lengua (RAE). En cuanto a nosotros, decidimos dar un paseo en góndola por ‘el Gran Canal’ de Venecia y, por supuesto, Javier compró una máscara. Sin embargo, esto no es lo importante, ya que la verdadera importancia de esta historia real radica en la relevancia de la cultura. Por que lo que realmente importante, queridos amigos, es la cultura.


